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Manadas de perros

¿ Como funcionan las manadas de perros ?

Cuando llevamos un perro a nuestra casa debemos tener claro que en su mente “dominada por la genética” él siempre creerá que esta llegando a una manada; por lo tanto es buena cosa aprender los códigos correspondientes para lograr una buena convivencia con nuestro amigo.

Debemos saber que en las manadas de perros (o de lobos) reina la armonía, y de ello se encargan sus mismos integrantes. ¿ Cómo logran tal maravilla ? Básicamente de dos maneras: mediante la enseñanza a los cachorros de las normas de convivencia (o sea, de lo que se puede y lo que no se puede hacer), y eliminando a los individuos que no las entienden.

Los perros de algún modo que la unión de la jauría amparada en normas bien definidas es la que les ha permitido sobrevivir por miles y miles de años. No dudan de eliminar (ya sea matando o expulsando) a quien no comprenda este verdadero código de comportamiento. En la jauría las cosas deben estar claras: hay que saber quién manda y quién obedece.

 

Fotos de manadas de perros

Aquí te dejamos algunas imágenes de manadas de perros para que puedas disfrutar, si haces click en la imagen podrás verla mas grande.

Actualente se habla y escribe en varios ámbitos (artículos de prensa, radio, tv) sobre el “Macho Alfa” : el rey de la manada. Uno de los objetivos de este articulo es dar pautas para llegar a una convivencia lo más armónica posible con un perro en nuestro hogar. Para ello es esencial comprender la jerarquía en la manada.

La jerarquía es la regla de oro de todo grupo en el que hay un perro, ya sea una jauría, un grupo que sale a caminar con un paseador o nuestra casa. Tal orden se establece en base a conceptos de utilidad: el mejor manda, y los demás lo obedecen sin chistar.

El mejor es aquel que se ha ganado el puesto. Aquí no hay herencia de títulos; vale decir que cuando el macho alfa está viejo o enfermo, el lugar es ocupado por el que gane la privilegiada condición de mando.

En la naturaleza, el mejor (el alfa) de una manada de lobos o perros será el que sepa guiar al resto de los integrantes hacia las presas más suculentas, el que encabece la cacería, el que oiga antes que se acerca otro predador, y por supuesto, el que sea mejor cazando o peleando (que es una prolongación de lo anterior). El alfa va a obtener las mejoras cosas:

Comerá primero la mejor parte de la presa cazada; dormirá en el lugar más apto y copulará con las mejores hembras o con todas las que quiera.

De ese modo la jauría se asegura de que el caudal genético de las nuevas generaciones sea el mejor posible.

¿ Qué pasa con el resto de la manada, los que no ha sido beneficiados con las prerrogativas que conlleva ser el mejor del grupo ? Nada. Lo aceptan y listo.

Cuando se trata de un perro en la casa, es muy importante saber poner las cosas en su lugar desde un principio. En esto no se admiten equivocaciones, estas ocurren porque la comunicación entre los perros y los humanos no se basa en argumentos racionales.

Si no sabemos hacer bien las cosas y le permitimos al perro algo que él considere un atributo jerárquico importante (por ejemplo, dormir en nuestra cama), luego no podremos argumentar que el lecho es nuestro porque lo compramos con nuestro dinero. Seguramente Bobby va a defender con sus dientes lo que ha conseguido con una paciente labor, le importará un comino si el sillón del living es herencia del tío Coco, que por otro lado fue lo único que nos dejó.

Ejemplos de esto sobran, y los vemos diariamente en nuestro ejercicio profesional.

Otra cosa que debemos saber es que la jerarquía es lineal y distinta por sexo. ¿Que quiere decir esto?, que después del macho alfa no viene “toda la perrada”, como decía un amigo mío, sino que viene el beta, luego el gamma y así sucesivamente. No ocurre lo mismo con un grupo de gatos que viva en una casa, donde la jerarquía es lo que se denomina “despótica”: hay uno que manda y todos los demás lo obedecen. Y esto es porque los gatos no son animales sociales, a diferencia de los perros.

Si por capricho a algún propietario se le ocurre tener quince gatos en su casa, estos vivirán allí porque les conviene , no porque lo necesiten. Entonces dad la particular coyuntura habrá uno que mande y ahí sí: la “gatada” atrás, obedeciendo. Volviendo a los perros, debemos recordar que entre ellos hay un orden que se respeta a rajatabla. Eso también es bueno entenderlo en el momento de llevar un cachorro a casa. Debe estar debajo de todos los miembros de la familia, porque si por una flaqueza, de esas que los humanos tenemos tan a menudo, uno de los miembros de la familia decide criar al perrito de otra forma (porque le da lástima), sin seguir estos consejos, muy probablemente, será víctima de los desplantes y hasta de las agresiones del “Bobby”, al menos hasta que en una pelea le gane y recupere su puesto dominante.

No debemos olvidar que cuando decidimos tener un perro en casa, hay determinadas normas que tienen que quedar establecidas desde el comienzo, so pena de convivir con un tirano en lugar de tener una criatura que nos deleite la vida.

¿ Cuáles son esas pautas que debemos de observar ?

Primero que nada la alimentación. En la naturaleza, cuando alún animal es cazado, primero come el macho “alfa” y la hembra ídem, luego, los beta y así. os últimos del escalafón comerán si los dejan, lo cual dependerá de su actitud al llegar al lugar del almuerzo, de la cantidad de alimento a repartir o del humor de los primeros. Eso sí: si por el motivo que sea no liga nada, se va a dormir con las tripas haciéndole ruido y ni se le ocurrirá chistar. Tampoco se trauma. Pasa hambre y listo.

Esto, claro, no es lo que queremos para nuestro perro (lo de pasar hambre). Nadie va a tener un perro para hambrearlo, pero tampoco queremos uno que esté llorando al lado de la mesa mientras comemos, que ante el menor descuido nos robe el asado de la mesa o de la parrilla.

El primer consejo que hay que seguir sin titubear es que nuestro perro, desde que llega a la casa, deberá comer luego que todos nosotros.

No es buena cosa que el perro se administre la comida a lo largo del día, porque eso lo hace un dominante. Le ponemos la comida y si los cinco minutos no la comió, se la sacamos; la volvemos a poner cuando le toqe la próxima vez. O sea: “comés cuando yo digo”. Lo entienden enseguida.

No debemos confundir esto con crueldad. Es un error aplicar conceptos humanos a nuestra relación con los canes, porque ellos no lo entenderán. Son perros, con todo el orgullo que ello conlleva. Su única desgracia es haber nacido en un mundo dominado por los humanos, que no hacemos otra cosa que macanas.

El lugar de descanso es otro de los elementos qu eestablecen una jerarquía. Para los perros el luegar donde dormir es muy importante.

En la manada de lobos, o en una jauría de perros, si el macho o la hembra alfa eligen un lugar para descansar, a ningún otro animal de la manada se le ocurre ocuparlo. Es del que manda.

Ese lugar es fácilmente reconocible por quedar impregnado de los olores del número uno de la manada. Cuando otro se acerca, al olerlo ya sabe de quién es ese (sommier). Solamente en caso de querer disputar el primer lugar de la manada se le ocurrirá echarse a dormir una siesta en el lugar prohibido: sabe a qué se expone.

En nuestra casa puede ocurrir que, sin quererlo, dejemos que nuestro perro adquiera posesión de un lugar (jerárquicamente) importante, por ejemplo la cama o el sillón del living que usamos para ver TV. Es un error: le estamos generando (para su mentalidad) un derecho: él se lo ganó. El resto de la manada lo dejó dormir allí, y hasta se ponía contento cuando lo veía.

La primera vez que lo queramos hacer bajar nos va a gruñir y la segunda nos va a querer morder. Es la forma en que los perros defienden lo que es suyo, aunque sea (ilegal), por lo menos para nuestra humana forma de ver el mundo.

Desde el primer momento en que el nuevo integrante llega a la casa debemos buscarle un lugar para dormir que no sea importante.

Hay que aclarar que el dominante, el alfa, no es agresivo. Es de los menos agresivos de la manada (o de la casa), pues no precisa serlo. Solo le basta una mirada para poner las cosas en su lugar. Si esto no funciona (aunque es raro que así ocurra) un gruñido pone las cosas en orden.

Cuando se llega a la mordida es porque el interlocutor no comprendió ninguno de los mensajes anteriores. Esto generalmente es lo que pasa cuando nuestro perro nos agrede: no fuimos capaces de entender lo que se nos había anunciado.

El perro debe saber claramente cuál es su lugar en la manada humana para evitar una confusión que lo lleve a defender la jerarquía que para su mentalidad ha ganado legítimamente.